Y se juntaron. Y prepararon mensajes. Y caminaron y visibilizaron lo que necesitaban gritar, mostrar.
La movilización surgió tras la trágica muerte de Zahir, un joven de la ciudad cuya historia conmovió a su círculo de amigos y compañeros. Y que luego empezó y empieza de a poco a llegar a estamentos cada vez más amplios. A mover estructuras. A unir puentes de entre instituciones que quizás estaban, pero desconectadas, desarticuladas. Y los jóvenes aparecen ahí, esta vez para enchufar lo que estaba desenchufado.
En un texto enviado hace unos días, los organizadores explicaron los motivos de la convocatoria con la que marcharon este jueves. Sostenían que las instituciones de salud no siempre están preparadas para atender urgencias en este tipo de situaciones como la que sufría Zahir, y que los tiempos de respuesta —como turnos que deben solicitarse con semanas de anticipación— no se corresponden con la gravedad de los casos. «Queremos atención, comprensión, respeto y ayuda ya», expresaban. En las últimas horas, días se empezaron a ver movimientos.

Los jóvenes también señalaron sentir que, como adolescentes, sus señales de alerta no siempre son tomadas en cuenta por los adultos o por las instituciones. «No somos los responsables de cuidarnos entre nosotros», escribieron, al tiempo que insistieron en la necesidad de acompañamiento sostenido y no solo respuestas puntuales.
Ayer, salieron a la calle, se expresaron. Lo hicieron visible. Una nutrida columna de jóvenes caminó la avenida San Martín desde la Sarmiento hasta la intendencia del Parque, en la Plaza San Martín. Allí, mostraron carteles, dijeron a viva voz lo que necesitaban decir: le dijeron a Zahir que su voz sigue viva en ellos. Y aunque sea una metáfora, nunca es tarde para los que están. Aunque siga doliendo Zahir.
Por redacción.-






















