Cuando José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile el pasado 11 de marzo, uno de sus primeros actos de gobierno fue pedirle al nuevo jefe del Ejército, el general Pedro Varela, una colaboración especial: erigir barreras físicas en el norte del país para detener el cruce clandestino de migrantes. Apenas cinco días después, la maquinaria pesada de las Fuerzas Armadas ya estaba excavando el desierto de Arica.
Hace algunas semanas incluso el presidente se trasladó a la región de Arica y Parinacota para encabezar el primer comité de ministros de Seguridad en la base militar Solo de Saldívar. Lo acompañaron la ministra de Seguridad, Trinidad Steiner, y autoridades de Defensa, Interior y Justicia. Horas antes, topadoras y camiones militares ya avanzaban sobre el suelo árido, a escasos metros de la línea que divide Chile y Perú, visibles desde la ruta que une Tacna con Arica.

Un «escudo» integral con zanjas, muros y tecnología
La operación recibe el nombre de «Plan Escudo Fronterizo», que ya fue firmado por el mandatario a través de un decreto y contempla el incremento de medios militares en sectores críticos de la macrozona norte, el mejoramiento de comunicaciones en la frontera y la vigilancia mediante drones, cámaras térmicas y sensores ópticos.

La primera etapa, en construcción, consiste en una zanja de tres metros de ancho por tres metros de profundidad con una extensión de 30 kilómetros. En los meses siguientes está previsto incorporar muros y vallas de cinco metros de altura, cercos electrificados, torres de vigilancia y radares térmicos. La obra completa se extendería por más de 520 kilómetros, desde la localidad de Chacayuta hasta Colchane.
El delegado presidencial para la región, Jorge Sayes, confirmó que el número de efectivos militares desplegados pasó de trescientos a seiscientos, a los que se suman operadores de maquinaria y agentes encargados de fiscalizar el tránsito de personas.
Kast subrayó que el proyecto no se reduce a una obra de ingeniería. Según explicó, se trata de un «sistema integral» que incluye «barreras físicas, tecnológicas y humanas» y que además «requiere el trabajo con otras naciones».

El plan era uno de los compromisos centrales de la campaña presidencial de Kast. El anuncio formal se realizó en el Palacio de La Moneda, en Santiago, minutos antes de que el mandatario pronunciara su primer discurso presidencial. En esa ocasión, le pidió al general Varela colaboración activa en el refuerzo de la frontera norte.
El comisionado presidencial a cargo de la implementación, el almirante retirado Alberto Soto, reconoció que Chile lleva más de una década intentando mejorar el control de su frontera norte sin resultados satisfactorios, y que el gobierno de Kast impone un enfoque distinto sobre ese problema.
El contexto migratorio que impulsa la medida
Según datos recopilados por medios especializados, Chile albergaba hasta 2024 a cerca de 729.000 venezolanos, de los cuales más de 252.000 se encontraban en situación irregular. La presión demográfica sobre el norte del país, combinada con el uso de rutas clandestinas a través del desierto, generó un clima de alarma social que Kast supo capitalizar electoralmente.
Colombia es el país de la región con mayor presencia venezolana, con 2,8 millones de personas, seguido por Perú con más de 1,2 millones. Ante ese panorama, varios gobiernos sudamericanos han intensificado sus controles fronterizos y explorado mecanismos de cooperación.
Además de la obra física, el gobierno prevé impulsar en el Congreso un proyecto de ley que tipifique el ingreso irregular como delito y sancione a quienes faciliten la permanencia de migrantes en situación irregular, incluyendo arrendadores y empleadores.
La respuesta de Perú
La reacción del vecino del norte no se hizo esperar. El presidente interino de Perú, José María Balcázar, tomó distancia de la iniciativa chilena sin confrontarla abiertamente. En declaraciones a la emisora RPP, Balcázar calificó la decisión como algo que su gobierno respeta por tratarse de un acto soberano, pero advirtió que «hay que tener cuidado con volver a los tiempos en que se construyó el Muro de Berlín», cuya historia terminó, a su juicio, en un fracaso.
El mandatario peruano reafirmó que su gobierno apuesta por el diálogo diplomático y la cooperación regional como alternativa a las medidas unilaterales, exhortando a respetar los derechos humanos en la frontera compartida.






















