“Veinticinco años hace que soñamos con este momento. Sabemos que con soñar no alcanza. Por eso trabajamos para hacerlo realidad. Y este domingo, finalmente, pudimos cumplirlo”. Esto hace que lo logrado, valga mucho más.
Este domingo no fue un domingo más para el Lacar. La historia y el futuro de las nuevas generaciones jugaron juntos, espalda con espalda. Cada pase, cada gol y cada grito de aliento desde la tribuna fueron mucho más que jugadas: fueron la confirmación de que la espera valió la pena. Porque no fue solo un partido, sino el reencuentro con quienes fueron, quienes son y la convicción de que esto es lo que, por siempre, “queremos ser”, expresaron. “Por cada familia y cada jugador que alguna vez soñó con volver a ver al Lacar defendiendo sus colores en casa”, dicen desde el club.
Este regreso es fruto de la perseverancia, del trabajo colectivo y del amor que une a toda la familia del Lacar. Gracias a quienes aportaron horas, manos y corazón para que este sueño se hiciera realidad.
“Gracias, sobre todo, a quienes nunca dejaron de creer”, alientan desde la comisión.
Hoy podemos decirlo con orgullo: el Club Lacar volvió a ser local. Volvimos a escribir nuestra historia. Felicitaciones.


























